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martes, 18 de agosto de 2020

Educación religiosa, 10°. La religión como producto socioeconómico Alienación de la conciencia humana

Bienvenidos


Colegio Técnico Benjamín Herrera, IED
Educación religiosa, 10°
La religión como producto socioeconómico
Alienación de la conciencia humana
Semana 18-21 de agosto
Taller
Actividad
1. Leer con atención el texto, y responder en cuaderno:
a. En términos sencillos, ¿qué es la alienación?
b. Describa la alienación, según Hegel
c. ¿Qué es la alienación para Feuerbach?
d. Describa la alienación, según Marx
e. ¿De qué manera esta formas de alienación pueden afectar la conciencia humana?

La alienación
Este término es de origen jurídico, derivado del latín alienus, ajeno, que pertenece a otro (alien), y que se aplica en las ventas o cesiones. Así, alienar un bien equivale a regalarlo o a venderlo, es decir, transmitir a otro algo que era propio. Por extensión se habla también de alienación en un sentido psicopatológico, como sinónimo de pérdida de juicio o locura. El alienado es, entonces, el enfermo mental cuya mente está escindida. Estas formas de alienación suponen también un extrañamiento o alejamiento del que se aísla respecto de una norma o de la sociedad.
El sentido propiamente filosófico de este término corresponde al de las palabras alemanas Entfremdung,Veräusserung y Entäusserung, que significan «extrañación», «distanciamiento» y «exteriorización», y expresan una extrañeza del sujeto respecto de sí mismo. No obstante, y aunque el sentido filosófico de la noción de alienación ha estado elaborado especialmente por Hegel, Feuerbach y Marx, ya en la filosofía del siglo XVIII aparece este concepto para referirse a la situación de un ser humano que depende de otro o de otros. Así, Rousseau identifica alienación con socialización mal realizada, que debe reemplazarse por una transformación de la independencia natural del hombre en libertad política, gracias a la cual, el hombre, convertido en ciudadano, esté plenamente integrado en la sociedad.

G.W.F. Hegel
Pero se debe fundamentalmente a Hegel el desarrollo de la noción de alienación, que expone principalmente en su Fenomenología del Espíritu. Para Hegel, la conciencia, originariamente ingenua, está plenamente convencida de la realidad del mundo independientemente de sí misma, pero solamente puede llegar a ser «conciencia de sí» o autoconciencia cuando ve la vinculación entre objeto (mundo objetivo «fuera» de la conciencia) y sujeto o conciencia. Partiendo de la crítica de la creencia ingenua de la existencia del mundo externo independientemente de la conciencia, Hegel muestra, mediante el análisis del proceso de tomas de conciencia parciales, cómo el espíritu humano se conquista progresivamente a sí mismo. De esta manera va oscilando entre la creencia en la realidad del objeto y la creencia en la realidad del sujeto, hasta devenir conciencia de sí en el proceso que muestra la vinculación dialéctica entre ambos polos: sujeto y objeto. En este proceso, la comprensión que el hombre busca de sí mismo le lleva a considerar toda la realidad como resultado de una Idea (sustancia espiritual o Dios), que consiste en ser un devenir que aparece bajo diversas formas o manifestaciones en el espacio y el tiempo: en cada una de estas manifestaciones la Idea se aliena, se exterioriza, de manera que todo lo que existe es una manifestación u objetivación del devenir de la Idea. Así, la naturaleza es una manifestación o autoalienación del Espíritu. Y el hombre, a su vez, es Espíritu en cuanto es objetivación o alienación de la naturaleza. La cultura es el espíritu del hombre que se objetiva, de modo que nada existe, cuyo ser no sea, a la vez, algo que se aliena siendo ya algo alienado. El inicial malestar de la conciencia separada de sí misma (alienada) es la condición del posterior movimiento, que mediante la exterioridad del mundo objetivo y las realizaciones sucesivas del arte, la religión y la filosofía, le permiten la reconquista de su propia esencia. De esta manera, a través de este movimiento dialéctico, la alienación puede superarse elaborando dichas producciones artísticas, religiosas y filosóficas. En este proceso, incluso Dios mismo es solamente un momento o una fase. Efectivamente, Dios, ser absoluto e infinito, es concebido inicialmente como un ser superior a la conciencia y alienado de ella, pero aparece al final del proceso (al final del la historia) como un resultado que realiza la alienación de las propiedades de la limitación y la finitud, que la conciencia reconocía como suyas.
Así, pues, la alienación surge cuando la realidad espiritual aparece como objeto, originando la naturaleza, cuya objetividad debe superarse (Aufhebungdialécticamente, mediante la apropiación del mundo por parte del espíritu: prácticamente, por medio del trabajo o, teóricamente, mediante el arte, la religión o la filosofía. De esta manera, al proceso de exteriorización o alienación ha de corresponder otro en sentido inverso de recuperación de lo alienado, de reconciliación del espíritu consigo mismo. El hombre ha de reconocer, por ejemplo, que el mundo de la cultura ha sido un producto necesario de la naturaleza humana, pero que, una vez creado, se ha distanciado del hombre y ha logrado dominarlo. Al hombre le toca reconocer el dominio de algo que él mismo ha creado y buscar la reconciliación con la cultura haciendo que ésta sea verdaderamente humana. Por ello, toda sociedad en la que los hechos vayan por un lado y los valores por otro es una sociedad alienada y no reconciliada consigo misma.

Ludwig Feuerbach
Feuerbach, aunque se basa en Hegel, acusa a éste de idealismo y de crear un hombre ideal que no existe. En lugar de partir de abstracciones y conceptos tales como la «idea» o el «espíritu» y del proceso que lleva a la autoconciencia, Feuerbach señala que se debe partir del hombre concreto y sensible. La sensibilidades el único punto de partida real. La filosofía no puede comenzar a partir de abstracciones tales como «el pensamiento» o «la idea». De ahí el materialismo de Feuerbach, y de ahí su crítica a Hegel. Frente a la tesis hegeliana de que la «naturaleza» es el «salir fuera de sí» del Espíritu (una forma alienada de este), Feuerbach reivindica la originalidad de la naturaleza. Por ello Feuerbach considera la filosofía hegeliana como una especie de teología racionalizada. Frente a esto, Feuerbach reduce la religión a antropología: «el secreto de la teología está en la antropología». «La esencia de Dios no es más que la esencia del ser humano; o mejor dicho, es la esencia del hombre objetivada y separada de los límites del hombre individual, real y corpóreo. Es la esencia contemplada y venerada como un ser-otro, propio y diferente del hombre. Por ello, todas las determinaciones de la divinidad lo son también del ser humano» (Feuerbach, La esencia del cristianismo, Introducción, capítulo II). Por esta razón, Feuerbach redujo la alienación al ámbito religioso porque es en la religión donde aparece manifiesta la esencia humana, ya que, en ella, el hombre manifiesta su «esencia oculta» y Dios aparece como «la esencia espiritual del hombre». Ahora bien, que Dios sea incondicionado, universal, inmutable, eterno o intemporal no significa otra cosa que la razón humana aplica a este reflejo de sí misma sus propias características. Feuerbach quiere dar a entender que el idealismo de Hegel no es más que una forma de teología que se puede explicar desde el análisis de la esencia del hombre. Por todo ello, Feuerbach considera la génesis de Dios a partir de la proyección que el hombre hace de su propia esencia.
Esta génesis se despliega en tres momentos:
a) la objetivación o puesta fuera de sí que el hombre hace de sus propias determinaciones;
b) la separación o escisión de estas propias determinaciones de su relación originaria con el hombre;
c) la extrañación, o consideración de estas determinaciones objetivadas y separadas como pertenecientes a un ser-otro, ajeno y extraño al hombre, que conducen a éste a la veneración, sometimiento y servidumbre a este ser-otro o Dios creado a imagen y semejanza del hombre. Así, en resumen, Feuerbach entiende la alienación como una proyección que el hombre hace involuntariamente de productos de su propia actividad y de su esencia para tomarlos después como cosas en sí y someterse a ellos.

Karl Marx
Marx acepta este punto de vista y, corrigiéndolo, profundiza en él: la religión es, ciertamente, escisión entre el hombre y su propia esencia, pero, si no se quiere permanecer todavía en el idealismo, hay que plantearse cuál es la verdadera causa de esta escisión y de esta pretendida esencia, y en ello radica la crítica que Marx hace del insuficiente materialismo de Feuerbach. Este autor todavía se basaba en la creencia en la existencia de una esencia humana universal e inmutable, a la que combate Marx. No hay tal esencia inmutable, sino condiciones concretas de producción, ya que lo que los hombres son es producto de su trabajo. Por ello, la base de toda alienación debe buscarse en las condiciones económicas concretas del proceso de producción. Así, toda alienación tiene una base radicalmente (de raíz) económica y social. No es, pues, una pretendida naturaleza humana la base de la alienación, sino la condición real en la que el hombre se encuentra como consecuencia de su actividad productiva en determinadas condiciones históricas. La alienación religiosa no es más que una de las diversas formas de alienación que el hombre padece. La fundamental es la alienación económica, la que aparece ligada al trabajo humano hecho bajo determinadas relaciones de producción: las que se establece entre los que poseen los medios de producción y los que sólo disponen de su fuerza de trabajo. Tal como se presenta, en los Manuscritos económico-filosóficos de 1844 (editados en 1932), esta alienación, que también supone una escisión o descomposición (Zersetzung) se articula de la siguiente manera:
a) objetivación del trabajador en el producto de su trabajo: el hombre es lo que es por medio de su trabajo; pero
b) en esta objetivación se produce una enajenación, o alienación: el producto de su trabajo se le hace extraño al hombre, no le pertenece; por ello se produce
c) el dominio del objeto sobre el hombre: el hombre se convierte en siervo del objeto que él mismo ha producido. El trabajo alienado hace que todo el hombre resulte alienado: su «vida» no es, paradójicamente, más que «un medio para vivir».
En la alienación, pues, lo alienado no es solamente el producto, sino también el obrero, pues al consistir éste en su acción productiva, al ser desposeído de su mercancía, es desposeído de sí mismo: el trabajador deviene una «cosa» más, una mercancía más. Este proceso alienante que experimenta el trabajador al convertirse en «cosa» es el denominado por Marx reificación, (del latín res, en alemán Verdinglichung.
Como puede verse, Marx acepta en líneas generales el planteamiento de Feuerbach, pero, en lugar de basarlo en una alienación de una pretendida «naturaleza humana», lo basa en una raíz más profunda: el proceso de producción.
De la alienación económica surgen todas las otras formas:
-la alienación social, que existe en la sociedad en forma de lucha de clases;
-la alienación política, que se manifiesta en la separación entre sociedad civil y Estado;
-la alienación filosófica e ideológica, que consiste en una visión ideológica del mundo o en una falsa visión de la realidad;
-la alienación religiosa, que es la «conciencia subvertida» del mundo y aparece como el opio del pueblo.
La noción de alienación también ha sido estudiada desde muy diversas perspectivas. Así, forma parte también de ciertas variantes del existencialismo (Sartre, Merleau-Ponty), y ha sido estudiada también por la teología cristiana (P. Tillich) y por el marxismo no comunista (E. Fromm, J. Habermas, H. Marcuse).
En el caso del existencialismo de Sartre la alienación es entendida como el estado de la conciencia desgarrada y escindida. Dado que en el ser humano la existencia precede a la esencia, la conciencia no aparece como el fundamento de sí misma y de ahí este desgarramiento y la «pasión inútil» de querer realizar la unidad peculiar del «en sí» y del «para sí». El tema de la mirada objetivante del otro entronca con dicha concepción sartreana de la alienación.
Además, y tomando el significado del término también en su vertiente psicopatológica, algunas ramas de la psiquiatría contemporánea (especialmente la llamada antipsiquiatría) han puesto de manifiesto que no deben separarse las dimensiones puramente mentales de las sociopolíticas en el estudio de las diversas «alienaciones» mentales.
Por lo que se ha visto, podemos considerar que, además de la noción de fetichismo de la mercancía, pertenecen al mismo ámbito filosófico de la noción de alienación nociones tales como las de: objetivación, cosificación o reificación, extrañación, escisión, desarraigo, enajenación.
Disponible en: https://encyclopaedia.herdereditorial.com/wiki/Alienaci%C3%B3n


Ciencias Sociales, 7º La formación de América y Colombia La era de las exploraciones

Bienvenidos

Colegio Técnico Benjamín Herrera, IED
Ciencias Sociales, 7º
La formación de América y Colombia
La era de las exploraciones

Semana 18-21 de agosto
Taller

Actividad

Lea con atención el texto y responda en su cuaderno.
1. A finales del siglo XV, ¿qué motivó el auge de las exploraciones?
2. ¿Por qué motivos se dice que América no fue descubierta?
3. De los conquistadores reseñados, cuál de éstos merece especial mención y por qué.
4. ¿Cuál es su punto de vista sobre algunos de los conquistadores?
5. Elabore un dibujo de cada uno de los conquistadores mencionados, según se imaginan.

La era de las exploraciones
Durante el siglo XV se realizaron importantes expediciones marítimas que permitieron tener un mayor conocimiento del mundo. El Imperio chino fue pionero gracias a la importancia que daba al comercio. Más adelante, los portugueses comenzaron a familiarizarse con el espacio africano mediante diversas exploraciones de sus costas. A partir del encuentro con América, a finales del siglo XV, se incrementaron en demasía los viajes a gran escala por todos los océanos del mundo.

¿Descubrimiento, encuentro o invasión?
A pesar de que las características de los pobladores y los terrenos no coincidían con los de los reinos del Lejano Oriente, las tierras encontradas fueron rebautizadas y adjudicadas como territorios del Reino de España y fueron llamadas las Indias occidentales para distinguirlas de las Indias orientales en Asia.
Tradicionalmente, la llegada de los españoles a América se ha tomado como un descubrimiento, pero en los territorios americanos ya había diversas sociedades indígenas. En este sentido, el término descubrimiento da una idea incorrecta porque solo tiene en cuenta el punto de vista europeo. Tampoco puede decirse que fue un encuentro por la posición de desventaja en que estaban los nativos en cuanto al desarrollo militar y técnico y frente a las enfermedades que trajeron consigo los europeos.
El resultado fue un proceso de conquista, en el que la mayoría de los conquistadores no respetaron la diferencia, ni valoraron la vida de los indígenas americanos. Por tanto, fue un choque de dos miradas culturales diferentes: la de los europeos y la de los indígenas, desarrolladas en forma independiente, que tenían distintas concepciones sobre los acontecimientos de la conquista.

Los conquistadores
Cristóbal Colón
Navegante genovés, al servicio de los Reyes Católicos. Arribó el 12 de octubre de 1492 a una isla que bautizó La Española. En sus siguientes viajes, en 1493 y 1505, exploró lo que hoy conocemos como las islas de Cuba, Puerto Rico, Jamaica, Trinidad y Santo Domingo; asimismo, las costas de Venezuela y Colombia.

Américo Vespucio
Navegante italiano que trabajó para la corona española viajando al Nuevo Mundo, entre 1499 y 1500, para confirmar los hallazgos de Colón. En 1501 dirigió una expedición durante la cual llegó a la bahía de Río de Janeiro, de donde llevó a España una muestra de madera del palo de Brasil, el cual proveía una tintura roja. Fue el primero en decir que las tierras descubiertas eran un nuevo continente, por lo cual este lleva su nombre: América.

Vasco Núñez de Balboa
Explorador y conquistador español que llegó hasta las costas de Panamá, al Golfo de Urabá y al Cabo de la Vela, en Colombia, en 1501. Luego se radicó en La Española y en 1509 regresó al continente, donde tuvo que enfrentarse a indígenas belicosos. En 1510 fundó Santa María la Antigua del Darién y en 1513, según se dice, descubrió el océano Pacífico, aunque tanto el Atlántico como el Pacífico ya eran conocidos como dos océanos distintos por las comunidades indígenas que allí habitaban.

Francisco de Orellana
Explorador español que participó en la expedición de Gonzalo Pizarro en búsqueda de Eldorado. En 1542, Orellana, al mando de un grupo de cincuenta y siete hombres, navegó un gran río desde la selva en Ecuador hasta el Atlántico.

Pedro de Mendoza
Explorador y militar español que fue encargado por el rey Carlos I de la exploración, la conquista y la colonización del Atlántico Sur, desde el Río de la Plata hasta el océano Pacífico. Mendoza partió en agosto de 1535 y arribó al Río de la Plata cinco meses después.

Hernando de Magallanes
Navegante portugués que propuso a Castilla llegar hasta Moluca, la isla de las especias orientales, por el occidente. En 1519 partió hacia América, alcanzó su extremo sur, que lleva el nombre de estrecho de Magallanes, y luego siguió hasta descubrir las Filipinas, donde murió.

Sebastián Elcano
Explorador y marinero español que acompañó a Hernando de Magallanes a dar la vuelta al mundo en 1519. Cuando Magallanes falleció, Elcano tomó el mando de la expedición con la meta de llevarla de regreso a España. Como no conocía la ruta por el océano Pacífico, decidió seguir por las rutas portuguesas conocidas y circunnavegar la Tierra.

¿Quiénes eran los conquistadores?
¿Es verdad que los conquistadores eran delincuentes y ex presidiarios?
Las investigaciones históricas indican que esto no era cierto del todo. Los conquistadores españoles tenían las siguientes características:
—No eran soldados profesionales.
—Eran jóvenes entre 25 y 35 años que habían adquirido experiencia como combatientes.
—La gran mayoría eran plebeyos analfabetos.
—En España habían pertenecido al grupo de los artesanos, aunque en su mayoría eran desposeídos, desempleados.
—Otros, como el fundador de Cartagena, Pedro de Heredia fue apodado “El Desnarigado”, por haber perdido la nariz en una riña.
— Sebastián de Benalcázar había
—Algunos de ellos también provenían de la baja nobleza española (los hidalgos).


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