domingo, 26 de agosto de 2012

La enseñanza tradicional y sus secuelas en la educación


La enseñanza tradicional

Por Efrén Mesa Montaña

El modelo de enseñanza tradicional es, infortunadamente, el modelo que más se concibe como práctico en las instituciones educativas del país. No cabe duda que su prevalencia se deba al mismo modelo con el que fueron educados los maestros en las escuelas normales y aun en las universidades. Sin embargo, si el modelo tradicional aun se concibe como práctico en Colombia (no olvidemos que todavía a finales de la década de los setenta el modelo se hallaba vigente en el sistema educativo), no se culpa de los maestros, pues con frecuencia olvidamos que, tanto la sociedad como las sucesivas administraciones de gobierno, han “condicionado a la escuela, al maestro y a la enseñanza”[1] a sus intereses y prejuicios, en menoscabo tanto de la sociedad misma como del desarrollo del país.

Con todo, este modelo de enseñanza concibe al maestro como un artesano, donde su función es trasmitir una serie de conocimientos que el maestro admite como sólidos y vitales para el futuro del estudiante. La enseñanza de la historia patria, en Colombia, es un claro ejemplo de educación tradicional: allí el estudiante debe recordar los nombres de los “próceres”, las fechas de las batallas, las efemérides, pero estar ajeno de la realidad que lo rodea.

De tal manera, en la enseñanza tradicional, “el alumno es visto como una página en blanco, un mármol al que hay que modelar, un vaso vacío o una alcancía que hay que llenar.”[2]

La enseñanza tradicional tiene una larga historia, y se puede decir que es la primera forma de enseñanza que aparece en la historia de la educación. De ahí que algunas de sus características, que se han “trasmitido”, aún se mantengan entre los maestros:

1. Considera que el maestro es la base y condición del éxito de la educación. A él le corresponde organizar el conocimiento, aislar y elaborar la materia que ha de ser aprendida, trazar el camino y llevar por él a sus alumnos.

2. Supone que el maestro es el modelo y el guía, al que se debe imitar y obedecer: el maestro es el centro del conocimiento: de él emana toda sabiduría.

3. Admite que la disciplina y el castigo se consideran fundamentales: la disciplina y los ejercicios escolares son suficientes para desarrollar las virtudes humanas en los alumnos.

4. Propone que el castigo, ya sea en forma de reproches o de castigo físico, estimula constantemente el “progreso” del alumno.

 5. Por otra parte, establece que el enciclopedismo es la clave del conocimiento, aun cuando éste se limite al de un simple manual, que guarda las respuestas, las cuales, indudablemente, no se pueden cuestionar. Esta premisa supone que la vida colectiva  escolar es organizada, ordenada y programada. El manual escolar es la expresión de esta organización, orden y programación: todo lo que el niño tiene que aprender se encuentra en él, graduado y elaborado. En tal sentido, para evitar la distracción y la confusión, nada debe buscarse fuera del manual.

 6. El verbalismo y la pasividad son considerados la clave del éxito en la enseñanza. Así, el método de enseñanza será el mismo para todos los niños y en todas las ocasiones. El repaso entendido como la repetición de lo que el maestro acaba de decir, tiene un papel fundamental en este método.[3]

Pero es más. En el caso colombiano, la disciplina se enmarcaba tanto en la obligación de ir a la escuela y de estudiar materias, muchas veces ajenas a los intereses del estudiante (como historia patria —que consistía en la repetición de nombres, fechas y efemérides, que estaban ajenas realmente al conocimiento propio de la historia; es decir, al conocimiento de los orígenes de la realidad presente y a su cuestionamiento y crítica, con el fin de que el estudiante advierta posibilidades de cambio—, religión —que no constituía propiamente el conocimiento de las religiones, sino la práctica de una—, entre otras). En ello se hacía presente el modelo de “ciudadano” que sugería el Estado: esto es, que fuese un cristiano ejemplar.

En este sentido, en Colombia, la educación estaba ceñida no a los intereses de la gran mayoría de la sociedad, sino y particularmente, de la Iglesia[4] y de los gobiernos, particularmente, conservadores y de la clase económica de la que éstos hacían parte. Infortunadamente, la enseñanza tradicional no sólo se ha constituido en una práctica educativa ajena a la realidad del país, sino a la realidad del mundo, y se ha prestado, sus estudiantes, a intereses que han desembocado en conflictos gravísimos en el país, como el la violencia de los años cincuenta, y que del cual el país aún no sale.

No quiere decir esto que la enseñanza tradicional se haya concebido para este fin, el la violencia, sino que la realidad de los contenidos educativos de la enseñanza tradicional en Colombia, se prestaron para ello. En los años cincuenta, por ejemplo, la Iglesia aún pretendía revivir su injerencia en la educación,[5] lo cual contribuía a incitar los conflictos que se vivían en los campos y veredas del país. En tal sentido, en nuestro país, la enseñanza tradicional fue al mismo tiempo enseñanza conductista.

En resumen, la enseñanza tradicional conlleva la generación de incapacidad crítica en los estudiantes; la limitación en la búsqueda de nuevas fuentes que cuestionen el conocimiento; el apocamiento de la personalidad de los estudiantes al considerar al maestro como centro del saber y, en este sentido, como un ente de autoridad, no de respeto, pero lo que es más, un retroceso en el desarrollo intelectual y, en esta dirección, un abandono en la búsqueda de conocimiento necesario; es decir, que contribuya al desarrollo humano y científico. He ahí la diferencia frente a otros países que han roto las viejas estructuras y sistemas educativos y propuestos modelos que permitan la libertad y la creatividad de los estudiantes.

Podemos agregar que, teniendo en cuenta que el modelo de enseñanza tradicional es el que más se concibe como práctico en las instituciones educativas del país, aun cuando del sistema educativo haya desaparecido hace tiempo, no se precisan soluciones prácticas para erradicarlo. Un ejemplo de la enseñanza tradicional estaría en la enseñanza de la historia patria, en Colombia: allí el estudiante debe recordar los nombres de los “próceres”, las fechas de las batallas, las efemérides, pero estar ajeno de la realidad que lo rodea. El ejemplo nos lo da este breve episodio de Los Simpson, que nos está lejos de lo que ocurre en algunos centros educativos del país:


Una de las características de la enseñanza tradicional estaría en el verbalismo y la pasividad, que son considerados la clave del éxito en la enseñanza. Así, el método de enseñanza será el mismo para todos los niños y en todas las ocasiones. El repaso entendido como la repetición de lo que el maestro acaba de decir, tiene un papel fundamental en este método. El siguiente video es clave para ilustrar lo anterior:


Por lo de más, propone que el castigo, ya sea en forma de reproches o de castigo físico, estimula constantemente el “progreso” del alumno. De ahí que no es raro encontrar personas con resentimientos, como resultado de la opresión a la que fueron sometidos, y reproduzcan exactamente el mismo sistema educativo que los educó, como aquí nos muestra don Ramón, el seriado de El Chavo:


Aun así, no todo son críticas, pues del modelo de enseñanza tradicional cabe rescatar la enseñanza de valores cívicos, los cuales, no cabe duda, dado el estado de la educación en Colombia, son hoy más que nunca necesarios.




[1]. Graciela Amaya de Ochoa, “La escuela, el maestro y su formación”, en varios autores, La formación de los educadores en Colombia, Idep, Bogotá, 1997, pp. 13-64.
[2]. “Modelos de enseñanza”. Disponible en: http://es.wikipedia.org/wiki/Modelos_de_enseñanza
[3]. “Características de la escuela tradicional”. Disponible en: http://www.buenastareas.com/ensayos/Caracteristicas-De-La-Escuela-Tradicional/632598.html
[4]. Humberto Quiceno, Pedagogía católica y escuela activa en Colombia, 1900-1935, Ediciones Foro Nacional por Colombia, Bogotá, 1988.
[5]. Alexis Pinilla Díaz, La educación en Colombia. Debates y tensiones, Unad, Bogotá, 2003, 9. 138 y ss.

domingo, 12 de agosto de 2012

Bienvenidos a nuestro ambiente de aprendizaje



Una visita a
Filosofía y astrono
mía


Hola. Bienvenidos y bienvenidas a nuestro ambiente de aprendizaje,


En este blog, encontraremos una propuesta de tutoría virtual. Pero primero convengamos en que, en Filosofía, una de las tareas primordiales es leer. Por tanto, le invito a ingresar en el siguiente link:  

https://docs.google.com/document/d/1rMtmUqaHeWw0x0OlseLJPJ66FgU4El-wpS-7Af5Orbk/edit

Bien. Ya hemos leído la propuesta, y en este sentido estaremos preparados para el siguiente paso:

Bueno. Tendremos en cuenta, primero, la relación existente entre filosofía y astronomía.

Para ello, veremos el siguiente video:


Bien. Sacamos en claro de esta excelente presentación de Cosmos, de Carl Sagan, que la astronomía y la filosofía están estrechamente relacionadas, pues tienen que ver con el mundo de la realidad: con el mundo en el que percibimos, sentimos, vivimos…

De tal manera, para comprender las intenciones de este AVA, conviene que tengamos en cuenta lo siguiente:

1.Atender la propuesta de aprendizaje en el link  citado  (Propuesta de tutoría virtual).
2. Tener en cuenta las recomendaciones en las políticas y compromisos.
3.En políticas y compromisos se establece, con claridad, la pretensión del AVA: incentivar la lectura a partir del empleo de las TIC.

Para terminar:

1.No olvidemos que nuestro AVA se halla en construcción, y que por ello, merece todas las sugerencias (y comprensiones).
2.Tampoco podemos olvidar que, siendo el objetivo primordial  del AVA, incentivar la lectura a partir de las TIC, de manera implícita se invita a ampliar la información sobre el tema que el autor propone. Esto, en virtud de que, como se expresa en la “Propuesta de tutoría virtual”, no toda la información de la Web es confiable, y por ello conviene verificar: esa es la manera e que proponemos incentivar la lectura: a partir de la verificación de la información.

Así que, manos a la obra.

4.En este sentido, se busca que la información contenida en las presentaciones (en las que se incluye una bibliografía) conlleve la curiosidad del lector por ampliar la información, si bien consultando las fuentes referenciadas, o buscando información pertinente en la Web. 















jueves, 9 de agosto de 2012

Propuesta de tutoría virtual


Propuesta de tutoría virtual


Por Efrén Mesa Montaña

En las siguientes líneas pretendemos exponer de manera breve los lineamientos que definirían la tarea tutor virtual, a partir de asumir su rol o de fungir como tal. Así, como propuesta de tutoría virtual, pretendemos que las consideraciones sugeridas en nuestro AVA, se apliquen; esto es, que se asuma la tutoría virtual en la base del mismo trabajo realizado en el rol de tutor virtual. Es decir, se busca “evaluar”, si esa es la palabra, de la misma manera y con los mismos criterios con los que se presenta la información en nuestro ambiente de aprendizaje, a partir de los siguientes aspectos:

1. La política y compromisos acordados
2. La presentación del AVA, en cuanto a diseño
3. La pertinencia temática
4. El respeto en el empleo de las fuentes
5. El ejercicio de la filosofía que define el blog; esto es, que a partir de los ambientes de aprendizaje virtual se estimule la lectura en los jóvenes, a partir de los requerimientos mínimos de cada una de las presentaciones.

Conviene aclarar que el rol asumido conlleva la doble responsabilidad del tutor. Por una parte, atender la rigurosidad o acercamiento de los aspectos arriba señalados y, por otra, entender que, por sobre todo, se hallaría su papel como tutor pedagógico.[1] De tal manera, la importancia del rol asumido se encontraría en esto último. En otras palabras, si consideramos que la parte clave que tendría en cuenta el tutor virtual fuesen los aspectos pedagógicos, debería tenerse en cuenta al menos los siguientes aspectos:

1. La responsabilidad social del conocimiento tenida en cuenta por el evaluado. Esto, en razón de los problemas que afronta hoy día esa categoría que llamamos conocimiento y en virtud de que, infortunadamente, en el campo de los mass media, el conocimiento es relativo (todo sería conocimiento), mientras que debería abogarse por un conocimiento, no absoluto, por supuesto, pero sí objetivo y con sustento.
2. En aspectos del mismo conocimiento, la relevancia de éste, tanto para quienes va dirigido como para el entorno social en el que se divulga.
3. La preocupación (insistente), por la función que desempeñarían los contenidos del AVA en los lectores, más si éstos son estudiantes del maestro cuyo blog consultan. A esta altura de la realidad, la preocupación por las didácticas se torna un tanto trivial, en razón de que, lastimosamente, todo lo que aparece atractivo a los sentidos no siempre resulta beneficioso a la inteligencia (como decía Shakespeare en El mercader de Venecia: “No olvides que el diablo, para sus fines, puede citar las Sagradas Escrituras”).

Así, la responsabilidad en los contenidos, quizá más que los otros aspectos señalados, sería prioritaria a la hora de asumir el rol de tutor virtual.

Ver, igualmente, en Google Docs: 

https://docs.google.com/document/d/1rMtmUqaHeWw0x0OlseLJPJ66FgU4El-wpS-7Af5Orbk/edit


[1].  Mª del Carmen Llorente Cejudo, “El tutor en E-learning: aspectos a tener en cuenta”. Disponible en http://edutec.rediris.es/Revelec2/revelec20/Llorente.htm

domingo, 5 de agosto de 2012

El Renacimiento


El Renacimiento

Por Efrén Mesa Montaña




Presentación
En la historia de la filosofía, el Renacimiento es un movimiento cultural, cuya característica  esencial es un renovado interés por el pasado grecorromano clásico y especialmente por su arte. Este movimiento comenzó en Italia en el siglo XIV y se difundió por el resto de Europa durante los siglos XV y XVI. En este periodo, la fragmentaria sociedad feudal de la Edad Media, caracterizada por una economía básicamente agrícola y una vida cultural e intelectual dominada por la Iglesia, se transformó en una sociedad dominada progresivamente por instituciones políticas centralizadas, con una economía urbana y mercantil, en la que se desarrolló el mecenazgo de la educación, de las artes y de la música.

El término Renacimiento fue empleado por primera vez en 1855, por el historiador francés, Jules Michelet, para referirse al “descubrimiento del mundo y del hombre” en el siglo XVI. Más adentre, el historiador suizo, Jakob Burckhardt, amplió este concepto para delimitarlo y situarlo en el periodo comprendido entre el respectivo desarrollo artístico de los pintores Giotto y Miguel Ángel, a la vez que definió esta época como el nacimiento de la humanidad y de la conciencia modernas tras un largo periodo de decadencia, el de la Edad Media.

La salida del oscurantismo medieval
El Renacimiento significa nada menos que el paso entre la Edad Media y la Edad Moderna, pero también la salida del oscurantismo, del predominio religioso que caracterizó a la gran mayoría de la sociedad. Sin embargo, en la Edad Media no todo fue “oscuridad”. Gracias a los scriptoria (aulas dedicadas al estudio) de los monasterios medievales, se conservaron copias de obras de autores latinos como Virgilio, Ovidio, Cicerón y Séneca, y aun en el Renacimiento se puede hablar de cierta continuidad, pues los pensadores renacentistas continuaron la tradición medieval de los estudios de gramática y retórica.

Así, mientras que los eruditos medievales contemplaban con recelo el mundo pagano griego y romano creyendo que vivían en la última etapa histórica, previa al Juicio Final, sus colegas renacentistas exaltaban el mundo clásico, condenaban el medievo como una etapa ignorante y bárbara y proclamaban su propia era como la época de la luz y de regreso al clasicismo. Esta visión era expresada por muchos pensadores renacentistas que recibieron el nombre de humanistas.

 En el campo de la teología, durante el Renacimiento se continuaron las tradiciones medievales del escolasticismo y las establecidas por las obras de Tomás de Aquino, Juan Escoto y Guillermo de Occam. El platonismo y el aristotelismo fueron cruciales para el pensamiento filosófico renacentista. Los avances en las disciplinas matemáticas (también en la astronomía) estaban en deuda con los precedentes medievales. Por lo demás, es en plena Edad Media que algunos pensadores generan una gran crisis, y permiten el cambio de mentalidad que daría paso al Renacimiento. Estos pensadores son, Guillermo de Occam, Nicolás Oresme y Nicolás de Cusa.



Conocido como Doctor Invincibilis (Doctor invencible) y Venerabilis Inceptor (Venerable iniciador), Guillermo de Occam alcanzó gran notoriedad al proponer el nominalismo, esto es, la doctrina según la cual las abstracciones, conocidas como universales, carecen de una realidad esencial o sustantiva, pues tan sólo los objetos individuales tienen una existencia real. Estos universales (como animal, nación, belleza y círculo) eran considerados sólo nombres, de ahí el término nominalismo. Así, por ejemplo, el nombre círculo se aplica a cosas que son redondas y por lo tanto es una denominación general, pero no existe ninguna identidad concreta con una esencia separada de redondez que corresponda a ese nombre. Occam propuso, además, el principio de economía en lógica formal, conocido como la navaja de Occam, según la cual las entidades no tienen que ser multiplicadas sin necesidad.



Por su parte, Nicolás de Oresme había propuesto (o rescatado) la teoría heliocéntrica, que abandonó en razón del predominios del geocentrismo, que se venía aplicando desde cuando Ptolomeo, habiéndola tomado de Aristóteles, la había mejorado. La Iglesia había hecho suya esta teoría, considerándola verdadera en razón de que no reñía con las escrituras. Oresme, quizá por estos mismos motivos o por temor de la Inquisición, abandonó pronto el heliocentrismo.

Nicolás de Cusa, por su parte, en La docta ignorancia, estableció una nueva forma de ver la realidad. Esta obra, que consta de tres partes, propuso, en la primera, el problema capital de la existecia de Dios (el ser máximo considerado absolutamente); la segunda trata del Universo (el ser máximo contraído en la pluralidad de las cosas); y el tercero de Jesucristo (el ser máximo como contraído y absoluto a la vez). El título, que el propio autor considera “novedoso”, tiene una significación compleja. Por un lado lo relaciona con Sócrates (“Sólo sé que no sé nada”), en el convencimiento de que no puede el estudioso detenerse en un cúmulo de afirmaciones de escuela y que debe seguir profundizando y esforzándose en su búsqueda de la verdad. También es una teología negativa, el reconocimiento de que el ser de Dios no puede ser alcanzado por nuestro entendimiento. A su vez es un modo de reconocer el camino de la Ciencia como un camino infinito, de conjeturas. Y, por último, es también una vía mística que nos lleva a contemplar a Dios despojados de todo concepto y de toda imagen.


De tal manera, el Renacimiento, que tuvo origen en Italia, fue sobre todo un fenómeno urbano, un producto de las ciudades que florecieron en el centro y norte de Italia, como Florencia, Ferrara, Milán y Venecia, cuya riqueza financió los logros culturales renacentistas. El estudio de la literatura antigua, de la historia y de la filosofía moral, aunque a veces degeneró en una imitación de los clásicos, tenía por objetivo crear seres humanos libres y civilizados, personas de gusto y juicio, ciudadanos, en definitiva, más que sacerdotes y monjes. La perfección del cuerpo humano mediante el entrenamiento físico, ideal que raramente se conoció en la edad media, se convirtió en uno de los objetivos de la educación renacentista. Los estudios humanísticos, junto a los grandes logros artísticos de la época, fueron fomentados y apoyados económicamente por grandes familias como los Medici en Florencia, los Este en Ferrara, los Sforza en Milán, los Gonzaga en Mantua, los duques de Urbino, los dogos en Venecia y el Papado en Roma.

El Renacimiento y las artes
La recuperación y estudio de los clásicos originó la aparición de nuevas disciplinas —filología clásica, arqueología, numismática y epigrafía— y afectó críticamente al desarrollo de las ya existentes. En el campo de las bellas artes la ruptura decisiva con la tradición medieval tuvo lugar en Florencia en torno a 1420, cuando el arte renacentista alcanzó el concepto científico de perspectiva lineal que hizo posible representar el espacio tridimensional de forma convincente en una superficie plana. 



Desde mediados del siglo XV, las formas y temas clásicos volvieron a ser utilizados: los motivos mitológicos tomados de las fuentes literarias adornaron palacios, paredes, mobiliarios y vajillas; Pisanello retomó la antigua costumbre de acuñar medallas para conmemorar a eminentes figuras, como el político florentino Cosme de Medici; Piero della Francesca, Andrea Mantegna y Sandro Botticelli pintaron retratos de personajes de la nobleza, resaltando sus características individuales.


 Los ideales renacentistas de armonía y proporción culminaron en las obras de Rafael, Leonardo da Vinci (cuya obra más celebrada, desde el momento de su creación, fue el retrato de Mona Lisa, modelo del casi nadie escaparía a su influjo en el mundo de la pintura. Otra de sus grandes creaciones sería la Dama con armiño), y Miguel Ángel durante el siglo XVI.




Ciencia y la técnica, máximas expresiones del Renacimiento
En el campo de la tecnología, la invención de la imprenta en el siglo XV revolucionó la difusión de los conocimientos. La imprenta incrementó el número de ejemplares, ofreció a los eruditos textos idénticos con los que trabajar y convirtió el trabajo intelectual en una labor colectiva, y permitió que la visión del mundo, aun de las capas excluidas por el analfabetismo, se ampliara. Sin embargo, es en el campo de la ciencias, particularmente en el de la astronomía, que la realidad advertirá otro horizonte. De ello, se encargaría Nicolás Copérnico.



Entre los avances realizados destacaron la solución de ecuaciones cúbicas y la innovadora astronomía de Nicolás Copérnico, Tycho Brahe y Johannes Kepler. A finales del siglo XVI, Galileo ya había dado un paso fundamental al aplicar modelos matemáticos a la física. Además, siguiendo la teoría de Copérnico, había defendido el heliocentrismo aun a costa de su propia integridad frente a la Iglesia.

 
La geografía se transformó gracias a los conocimientos empíricos adquiridos a través de las exploraciones y los descubrimientos de nuevos continentes y por las primeras traducciones de las obras de Tolomeo y Estrabón.

La política
En el campo del derecho, se tendió a sustituir el abstracto método dialéctico de los juristas medievales por una interpretación filológica e histórica de las fuentes del Derecho romano. Por lo que respecta al pensamiento político, los teóricos renacentistas recusaron, pero no anularon, la proposición medieval de que la preservación de la libertad, del derecho y de la justicia constituía el objetivo fundamental de la vida política. Los renacentistas aseveraron que la misión central del gobernante era mantener la seguridad y la paz.



Maquiavelo sostenía que la virtú (la fuerza creativa) del gobernante era la clave para el mantenimiento de su propia posición y el bienestar de sus súbditos, idea consonante con la política de la época. 

Durante el renacimiento, las ciudades italianas se convirtieron en estados territoriales que buscaban expandirse a costa de otros. La unificación territorial tuvo lugar también en España, Francia e Inglaterra, lo que condujo a la formación del Estado nacional moderno. 


Por su parte, Tomás Moro propuso en su Utopía una teoría política que hoy día ha contribuido a mantener la esperanza de los pueblos oprimidos en la búsqueda de igualdad, sobre todo, económica.

Una nueva concepción religiosa
El clero renacentista, particularmente su más alta jerarquía, ajustó su comportamiento a la ética y costumbres de la sociedad laica. Las actividades de los papas, cardenales y obispos apenas se diferenciaban de las usuales entre los mercaderes y políticos de la época. Al mismo tiempo, la cristiandad se mantuvo como un elemento vital y esencial de la cultura renacentista. Predicadores como san Bernardino de Siena y teólogos o prelados como San Antonino de Florencia, gozaron de gran prestigio y fueron venerados. Además muchos humanistas se preocuparon por cuestiones teológicas y aplicaron los nuevos conocimientos filológicos e históricos para estudiar e interpretar a los padres de la Iglesia. El acercamiento humanista a la teología y a las Escrituras se puede observar desde el erudito y poeta italiano Petrarca hasta el holandés Erasmo de Rotterdam, lo que tuvo un poderoso impacto sobre los católicos y protestantes.

El camino hacia la renovación filosófica
Algunos medievalistas afirman que la hinchada elocuencia y el insípido neoclasicismo de muchos escritos humanistas debilitan la pretensión de que el renacimiento constituye un punto de inflexión en la civilización occidental. Aunque esas aseveraciones son válidas en cierta medida, el renacimiento fue sin duda una época en la que las antiguas creencias fueron puestas a prueba y la ebullición intelectual que entonces se produjo preparó el camino a los pensadores y científicos del siglo XVII. 


La idea renacentista de que la humanidad domina a la naturaleza es análoga al concepto del control del hombre sobre los elementos de la naturaleza explicado por Francis Bacon, concepto que inició el desarrollo de la ciencia y de la tecnología moderna. No obstante, el renacimiento ha legado, por encima de todo, monumentos de gran belleza artística que se mantienen como definiciones perennes de la cultura occidental.

Bibliografía mínima
Burke, Peter, El Renacimiento, Crítica, Barcelona, 1999
Dynnik, M.A., Historia de la filosofía, 5 tomos, Grijalbo, Méjico, 1960
Sergi, Giuseppe, La idea de Edad Media, Crítica, Barcelona, 2001